Información y asesoramiento a los vendedores ambulantes

PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

    Esta nueva edición, corregida y ampliada con respecto a la primera que apareció en el año 1997, responde a los deseos de buena parte de la población gitana española cuya actividad laboral principal es la venta ambulante. Aquel primer texto gozó de una magnífica acogida porque venía a dar respuesta a muchos de los interrogantes legales que se planteaban los gitanos a la hora de ejercer con seguridad esta actividad económica. Al mismo tiempo proporcionó a los trabajadores sociales y a los miembros de las corporaciones municipales pautas de interpretación de estas leyes que tan directamente nos afectan.
    En los últimos años han cambiado algunas disposiciones legales y se han regulado de forma distinta algunos supuestos relacionados con las obligaciones tributarias de quienes ejercen esta actividad comercial. Ha sido Manuel García Rondón, tesorero de la Unión Romaní y experto en relaciones laborales, quien han efectuado los trabajos de actualización de esas normas que aquí, resumidamente, exponemos.
     INFORMACIÓN Y ASESORAMIENTO A LOS VENDEDORES AMBULANTES no es más que una herramienta que deseamos sea eficaz en manos de los propios gitanos. Frente a la arbitrariedad de muchos ayuntamientos, que haciendo un uso abusivo de la facultad que les otorgan las leyes, se permiten colocar a la entrada de sus municipios el fatídico letrero que dice “Prohibida la venta ambulante”, la Unión Romaní pretende con la realización de programas como el que ha dado pie a la edición de este texto, ofrecer a los gitanos en general y a los representantes locales en particular, elementos de reflexión que les lleven, a unos y a otros, a contemplar la venta ambulante como una actividad legítima que dignifica a decenas de miles de padres y madres de familia que no cuentan con otros medios para mantener con dignidad a sus familias.
     En la era de la “globalización” y de Internet muchos gitanos y gitanas siguen practicando el viejo oficio de “comprar y vender”, fundamento de la economía mundial desde los tiempos más remotos y elemento esencial del comercio en cualquiera de sus facetas. Al fin y cabo, más noble es la actividad comercial, tantas veces perseguida, consistente en vender zapatos, vestidos, bolsos o abrigos procedentes de los saldos de los grandes fabricantes, poniéndolos al alcance de las economías más modestas, que producir alimentos adulterados que luego se venden legalmente en los establecimientos, ¡como no!, autorizados.

    Desde la Unión Romaní somos conscientes de que la venta ambulante tiene los días contados, entre otras por las siguientes razones:

Primero, por la voluntad de los jóvenes gitanos que desean dedicar sus esfuerzos a actividades más productivas y menos sacrificadas. Sacar los bártulos para montar la parada, cada día en un sitio distinto, haga frío o calor, requiere una importante capacidad de sacrifico que no está suficientemente compensada.

Segundo, la venta ambulante ha sido el recurso de quienes carentes de una formación sólida no han encontrado otra forma para ganarse la vida. El analfabetismo desaparece de entre nosotros y cada día son más los gitanos y las gitanas que acaban sus estudios primarios, que hacen formación profesional o van a la universidad. Para ellos la venta ambulante es una actividad marginal difícilmente compatible con sus nuevos conocimientos y ansias de promoción personal.

Tercero, la competencia es cada día mayor. Hasta hace unos pocos años éramos los gitanos quienes mayoritariamente ocupábamos los lugares destinados a la instalación de los mercadillos. Hoy, basta con dar un paseo por cualquiera de los que semanalmente se instalan en los pueblos de España para comprobar que los gitanos somos minoría. Muchos gadyè, españoles y extranjeros, junto a una pléyade de ciudadanos de otras étnias copan la mayoría de los puestos disponibles.

Cuarto, los impuestos que hemos de pagar son cada día más altos y desproporcionados. La fiscalidad a la que estamos sometidos, más la vigilancia que sobre nosotros ejerce la policía municipal, convertida en inspectora del pago de impuestos que ni siquiera son municipales, hacen que, en ocasiones, tengamos que ejercer la venta ambulante de forma ilegal. Hay familias que no venden lo suficiente para garantizarse la subsistencia y al mismo tiempo pagar el “seguro de autónomos”, pongamos por caso.

Quinto, la represión municipal tantas veces abusiva, ha creado en nosotros una cierta conciencia de fatídica indefensión. El guardia municipal podía desposeerte de todo tu capital. Apresamiento que en la mayoría de los casos se hacía –y en algunos lugares se sigue haciendo– sin las debidas garantías que protejan la propiedad de lo que legítimamente nos pertenece.

    A pesar de todo aún tendrán que pasar muchos años hasta que la venta ambulante deje de ser el principal medio de subsistencia de nuestras familias. Por eso, mientras la realidad no cambie, nosotros estaremos vigilantes ofreciendo a los gitanos españoles, y a quienes como nosotros ejerzan esta vieja y honrada profesión, todo el asesoramiento y la defensa que puedan precisar.

                                                    Juan de Dios Ramírez-Heredia
                                                    Presidente de la Unión Romaní

 

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