La niña del agua
por Amparo Camarero Amador

     29.12.2006 / ¡Ya está ahí!... con su carrito hecho con dos llantas gordas de goma de un coche cualquiera. Ya está ahí... viene a por agua, como todos los días...
Hoy está seria, con los pelos recogidos en la coronilla, tirantes y mojados. El color de su cara es moreno y la coleta, muy negra, le cae graciosa, moviéndose grácil sin llegar a tocar su cuello, largo y erguido, que le presta esbeltez y elegancia a la figurilla púber.
Desenrolla una goma, también negra, y la enchufa en la chapa que los voluntarios de Cruz Roja utilizan para lavar las ambulancias. En esa chapa de las Aguas Municipalizadas, que sirve también para regar árboles y limpiar las calles. Además de abastecer mínimamente de agua a una familia numerosa y gitana de esta zona de Altozano.
Y va llenando 6 ó 7 cacharros de plástico blanco, hasta ocupar casi toda la acera de la esquina. Está seria y concentrada. Ahora se limpia con el revés de la manga izquierda su nariz que, de cuando en cuando sorbetea, por costumbre o por no tener a mano un “clínex”.
¿Está triste la pequeña gitana?... va y se sienta en una rueda. Fija insistente sus ojos negros y llorosos en las zapatillas desbocadas que calza... adivino un gemido.
Es sugestivo y a la vez inquietante verla ahí: mocita, seria, estática, preciosa, chiquita como la musa piconera, de un cuadro de Moreno de Torres perfecto y bellísimo, capaz de arrancar multitud de adhesiones.
De momento se pone en pie, se estira maleducada y libre. Luego, con mucha soltura y arte, entona su realidad con unas palmas que enseguida acompañan e introducen un cante gitano por rumba. Y comienza a cargar el carrillo con las vasijas rebosantes de agua. Se vuelve y, sin interrumpir sus armónicas palmas, coloca con un pie la chapa “Aguas municipalizadas de Alicante”, que está en la acera de la esquina.
Y ¡aleee!... allá va, seguramente más feliz que tú y que yo, por la Avenida de Novelda cantando y empujando, con gran esfuerzo para su pequeña persona, la enorme carga de agua en el carrillo que seguramente confeccionara un hombre de la familia, aprovechando el material de algún desguace de coches y de un viejo somier que sustentaron no se sabe qué sueños.
Cierro la ventana y se lo comento a un grupito de alumnos –algo mayores que La Niña del Agua–, que cursan estudios sanitarios en el Centro de F.P., donde despiertan ilusionados y comprometidos proyectos de vida. Se quedan serios, dispuestos a opinar y... de pronto abre la puerta el resto del grupo que entra bullicioso en el aula...
Había pasado una semana después de escribir mis impresiones sobre esta chiquilla encantadora. Y, camino de casa, me encontré con su madre que me comunicó la noticia:
-“¿Sabes una cosa, Amparo?... mi niña se me ha casao”.

(De esto hace una larga temporada... espero que “la Niña del Agua” no tenga otros problemas añadidos sobre el uso del líquido elemento. Es el lado bueno que tiene la pobreza...)

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