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¿Periodistas contra el racismo? La prensa española ante el pueblo gitano. 2017

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CPEDA, Barcelona, 2018.

240 páginas

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Descripción

Volviendo la vista atrás

Hace casi 10 años, cuando escribía la presentación de la edición de 2008 de ¿Periodistas contra el racismo? La prensa española ante el Pueblo Gitano, recordaba un momento importante en la trayectoria de nuestra lucha contra el racismo: la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Otras Formas Conexas de Intolerancia, que se había celebrado en Durban (Sudáfrica) en 2001. Y en mi texto incluía algunas declaraciones que allí se hicieron, porque me parecían fundamentales: “La diversidad cultural es un valioso elemento para el adelanto y el bienestar de la humanidad en general, y que debe valorarse, disfrutarse, aceptarse auténticamente y adoptarse como característica permanente que enriquece nuestras sociedades”.

Hoy en día esas declaraciones me siguen pareciendo igual de importantes. Lo malo es que esa idea no se ha convertido ya en algo del pasado, algo completamente asumido y normalizado. Todavía sigue siendo necesario luchar por obviedades como los beneficios de la diversidad cultural. En consecuencia, sigue siendo necesario luchar por la desaparición del antigitanismo, y de ahí que este estudio se convierta cada año en una reivindicación cargada de datos y de hechos.

A lo largo de todas las presentaciones que he escrito en las múltiples ediciones de esta investigación –se me amontonan ya más de 20 años de ¿Periodistas contra el racismo?– he utilizado todo tipo de argumentos. He citado sentencias, como la del Tribunal Constitucional 29/2009, de 26 de enero donde, entre otras cosas, se dice que “ni la información ni la opinión o crítica pueden manifestarse a través de frases y expresiones ultrajantes u ofensivas, sin relación con la noticia que se comunique o con las ideas u opiniones que se expongan, y por tanto, innecesarias a tales propósitos. Ni la transmisión de la noticia o reportaje ni la expresión de la opinión puede sobrepasar, respectivamente, el fin informativo o la intención crítica pretendida, dándole un matiz injurioso, denigrante o desproporcionado, debiendo prevalecer en tales casos la protección del derecho al honor”.

He destacado, también, la legislación elaborada por la Comisión Europea para luchar contra el racismo en la UE y los informes que este organismo ha emitido al respecto, en los que define Internet como “una herramienta barata y efectiva para que los grupos racistas difundan ideas censurables a millones de personas”. He hecho referencia a políticos, periodistas, filósofos y demás intelectuales. Pero tras los resultados que arroja el presente estudio, queda claro que debemos continuar cargándonos de argumentos, y difundiéndolos, para concienciar a los profesionales de los medios de comunicación españoles. Porque año tras año comprobamos con tristeza que algunos de ellos todavía no han entendido la obligatoriedad –aunque no sea legal, sino moral– de actuar siguiendo las premisas que establece el código deontológico de este sector.

Tomar partido

Hace algún tiempo, leí en Clases de Periodismo, un periódico digital para periodistas con vocación de escuela online, que el mexicano Jorge Ramos, durante la presentación de su libro Sin miedo: lecciones de rebeldes, manifestó que “han sido las preocupaciones sociales las que lo han llevado a cruzar la delgada línea que separa el activismo del periodismo. En ciertos temas hay que tomar partido y eso no está peleado con el periodismo”. Eso le dijo a EFE este presentador de Univisión, que en su libro reflexiona sobre sus 30 años de carrera en Estados Unidos. El famoso periodista –incluido en la lista de las cien personas más influyentes de Times– sostiene que “en situaciones que involucran discriminación, racismo, corrupción, mentiras públicas, dictaduras, derechos humanos, estamos obligados a tomar partido”.

Una forma de tomar partido es apostar por periodistas que pertenezcan a minorías étnicas y colectivos desfavorecidos. Es el caso de Silvia Agüero, una gitana activista que publica a menudo en medios como eldiario.es o Pikara Magazine. Sus artículos suelen hablar del Pueblo Gitano, de nuestras costumbres, de nuestra lengua, nuestras tradiciones, las injusticias atroces que hemos tenido que sufrir… Esa es la mejor manera de transmitir una imagen más real de los rromà para que la sociedad nos conozca, echando a un lado los estereotipos que llevan tantos años perjudicándonos. Porque estas piezas publicadas sirven para contrarrestar las mentiras que se difunden, los discursos llenos de odio y racismo.

En esta misma lucha se podría incluir también la red Antirumores, una iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona que promueve actividades y formación para convertirse en un “agente antirumores” y contribuir a desmontar rumores y estereotipos. El objetivo es lograr una “convivencia intercultural cohesionada”, como aseguran desde la web del proyecto.

Por eso nosotros llamamos a los periodistas, a los estudiantes de periodismo, a los trabajadores sociales, a los demócratas de cualquier ideología, a que se declaren enemigos de los racistas y de quienes les toleran, para que todos juntos podamos convertir lo que parece una utopía en una realidad, para que llegue el día en que el racismo sea tan solo un mal recuerdo.

¿Por qué “los gitanos están hartos de programas como los ‘Gipsy Kings’?”

Lo hemos leído en el digital de Público en una sección titulada “Tremending” y nos resistimos a no reproducir una parte del diálogo que una gitana sostiene a través de tuits con otros participantes en la red. Y lo hacemos porque es el testimonio de una gitana a la que no conocemos pero que refleja con gran percepción hasta qué punto estamos los gitanos hartos, como ella misma dice, de ser objeto de tanta y tan perniciosa manipulación

“¿Queréis saber por qué los gitanos estamos hartos de programas como los Gipsy Kings o Palabra de Gitano?”.

Así empieza el hilo de una tuitera que, bajo el usuario @femitana, visibiliza las líneas principales de la estereotipación que sufren las personas gitanas por parte de la comunidad paya. Todavía. Y que denuncia el paternalismo que atenaza a este colectivo, que reivindica su derecho a tener voz propia y caminos autónomos de liberación.

Esta es la imagen que estos programas de TV ofrecen de nosotros

“Partiendo de la base de que esos programas reproducen los estereotipos más rancios sobre nuestro pueblo, lo que hace que cada vez más y más personas retroalimenten su racismo y discriminación hacia nosotros.

Nos representan como seres incultos e incapaces, atrasados, que no saben hablar y se ganan la vida en el “mercao”, pasando droga o robando. Nos convertimos prácticamente en los monos de feria de los payos, en una burla”.

Por lo que la gitana tuitera llega a la siguiente conclusión:

“Esos programas están hechos por y para payos, para vuestro consumo única y exclusivamente. Para que os podáis reír a costa de otros. ¿Y sabéis por qué? Porque los gitanos no importamos a nadie. Estamos totalmente invisibilizados.

No ocupamos puestos de responsabilidad en la sociedad, y no es porque no queramos, es porque no nos dejan. No tenemos un mínimo de representación en las series o películas, a no ser que sea para representar a un gitano ladrón sin estudios, entonces sin duda se nos visibiliza”.

Y, lógicamente, surge el lamento justificado:

“Además, los payos lanzan balones fuera con respecto al machismo, pintando a nuestra comunidad como la más machista y retrógrada, mientras en Europa siguen asesinando y violando a mujeres y da la casualidad de que todos son hombres blancos. Vaya vaya.

Lo único que consiguen programas como los “Gipsy Kings” es que se nos ningunee, se normalice nuestra discriminación y se nos vea como payasos de circo, como a esos pobres idiotas que no saben ni escribir y de los cuales nos podemos reír sin miedo”.

Reivindicamos el derecho a ser nosotros los verdaderos intérpretes de nuestra cultura.

“Dejad que las mujeres gitanas nos quejemos del machismo, que reivindiquemos nuestro derecho a trabajar, a no quedarnos con el papel de cuidadoras del hogar, a estudiar, a ser independientes y tener autonomía. Dejadnos a las gitanas hablar sobre eso”.

Por eso, @femitana hace examen de nuestra cruda realidad y no la niega.

“Yo no estoy aquí para negar que todavía hoy existen muchos gitanos que son analfabetos o no terminan sus estudios. No estoy para negar datos y estadísticas reales, sino para explicaros desde dentro por qué sucede eso, y luchar para que se termine.

Tampoco estoy para negar que vivamos al margen y en nuestra zona de exclusión sino para visibilizar que los no gitanos sois los que nos margináis cuando no nos dejáis trabajar en vuestras empresas por ser gitanos, o cuando como profesores no nos tenéis en cuenta por la misma razón.

Así que dejad de hablar por nosotros, dejad de decidir por nosotros y dejad de creeros que tenéis algún derecho para juzgar nuestras costumbres o forma de vivir. No sabéis nada. Hablad menos y escuchadnos más, los gitanos tenemos muchas cosas que decir”.

@femitana también se queja de quienes hablan en nuestro nombre sin autoridad para hacerlo:

“Un apunte más ya que estamos hablando sobre este tema: hay quien va de gitano sin serlo porque “se está poniendo de moda”. Dejad de fingir algo que no sois. No sabéis lo que es ser gitano en un sistema que te ningunea, invisibiliza, discrimina y margina. Estoy muy orgullosa de lo que soy, pero ser gitano no es algo divertido en esta sociedad. Dejad de hacer el ridículo, no seréis gitanos por mucho que intentéis imitarnos”.

Finalmente, la autora de estas reflexiones aporta un pensamiento de gran importancia:

“Por cierto, una cosita más que me acaban de recordar: para los que decís “pero es que en esos programas salen gitanos, ellos mismos refuerzan el estereotipo”. Totalmente cierto. Igual que cuando las mujeres reforzamos los roles de género sin querer.

Pensad que esos gitanos que salen en esos programas tampoco son conscientes del problema. No os centréis en los gitanos que salen y centraos en los payos interesados “con pasta” que les ofrecen la oportunidad de hacerlo”.

Una consideración final que nunca fue del todo atendida

Hace 15 años, en una mesa redonda en la que participé en Madrid, en la sede del Instituto Nacional de Servicios Sociales (INSERSO) llegamos al acuerdo de afirmar que “Los medios de comunicación juegan un papel importante en la imagen que por parte de la población en general se tiene del inmigrante y del colectivo gitano, y por lo tanto deben realizar un tratamiento responsable de las noticias que se originan en torno a la inmigración y las minorías étnicas”.

Y esto lo dijimos porque el papel de los medios de comunicación es fundamental para la divulgación de los aspectos positivos de la integración social de estos colectivos, como instrumento básico para avanzar en la lucha contra el racismo y la xenofobia. De ahí nuestra recomendación de que los profesionales de los medios de comunicación consideren el desarrollo de normas de redacción periodística (códigos deontológicos y manuales de estilo) para combatir el racismo desde los medios en que trabajan.

Han pasado 15 años y seguimos peguntándonos ¿cuantos más habrán de pasar hasta que la sociedad en su conjunto, y los periodistas en particular, acepten la alta responsabilidad que concierne a los medios a la hora de sentar las bases de una sociedad donde el racismo y los delitos de odio estén proscritos?

Juan de Dios Ramírez-Heredia
Presidente de Unión Romaní