No es el cielo que yo quiero

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Lola Flores, en el espot de Cruzcampo
Marcos Santiago Cortés

Todos hemos visto con sorpresa como se ha «revivirtualizado» a la gran Lola Flores para piropear nuestro «acento» andaluz, entendiéndolo no solo como nuestro deje al hablar sino como una dichosa actitud ante la vida. Pero en ese acento eché en falta más realidad nuestra, más cultura y folclore, es decir, más alma andaluza (aparte ese artilugio no es tan original porque eso ya lo hacían los padres de Superman hace 40 años).

Nadie duda que Andalucía es luz, mar, ganas de vivir, alegría, estoicismo ante la desgracia, pero, sobre todo, es gloria cultural que en eso somos los capitanes de la historia de España. Comprendo que la propaganda empresarial en una economía de mercado no entiende de barcos, pero yo tampoco y por eso no me voy a dejar embaucar con ese spot publicitario como le ha ocurrido a tanta gente que ha picado el anzuelo debido a la admiración a Lola Flores; hablar de alma andaluza reviviendo a esta artistaza para vender cañas me ha parecido no solo frívolo sino extremadamente traidor; ya está bien de tapar nuestra grandeza con tanta tapa. Antes de ir al bar hay mucha literatura, mucha ciencia, mucha mano de obra y por supuesto, mucho arte. Aunque quizá, no puedo negar que hayan sido coherentes; si vendes alcohol no pega hablar de cultura y más aún cuando la realidad dice que el acento del que se hincha de cerveza no es andaluz ni gallego ni inglés sino balbuceante.

En el plano ético me he sentido triste porque ese anuncio apuñala nuestras costillas espirituales. Andalucía siempre nos ha enseñado el respeto a los muertos. Y me voy a poner hasta metafísico porque yo en mis adentros sureños creo que todo esto trae mal fario. Pero una mala pata muy real; se ha revivido a Lola poniendo palabras en su boca que nunca dijo. Y muchos, si no nos explican lo ocurrido, hubiéramos creído que la genial artista grabó ese video. Pues como eso, ¡que de cosas pueden hacer con fines particulares y o tendenciosos! Y no me llamen antiguo porque a lo mejor, lo que estoy es anteponiéndome a serios problemas que nos vamos a encontrar si recrear a los muertos no se regula con seriedad.

Esto no es moco de pavo ni yema de huevo sino una futura fuente de conflictos entre personas vivas y coleando. Aparte de todo esto me voy a poner más del sur todavía (y, por tanto, disculpen, más pasional): todos tenemos recuerdos de nuestros seres queridos y en la soledad de nuestra estancia, unos nos arrodillamos y otros miramos a la inmensidad para recordar cómo fueron y pedimos a Dios o a las estrellas volverlos a ver algún día y abrazarlos. Pero de nuevo de verdad. Pero por dinero no podemos fabricar un cielo digital porque eso, al final, mata nuestra esperanza y en última instancia nuestra humanidad. Un ordenador, no es el cielo que yo quiero. Y Andalucía tampoco.