‘Lágrimas de acero’, historias de la mujer gitana

Una obra de teatro, acompañada de música y baile, recoge testimonios de la persecución sufrida por la etnia en Aragón

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Una de las escenas de la obra, donde las actrices comparten historias de su tradición oral / Toni Galán

‘Os voy a contar la historia de mi abuela. La del día en que, viendo que no tenía para dar de comer a su familia, cogió lo poco que tenía, unas agujas e hilos, y se fue a cambiarlos por comida…’. Así empieza su testimonio María José Jiménez Jiménez en el montaje teatral ‘Lágrimas de acero’, un homenaje a la mujer gitana que se presentó en el Centro Cívico del Barrio Oliver, en Zaragoza, hace unos días. ‘Dejó a los niños en un corral y entró al pueblo, pero la vio la Guardia Civil y se la llevaron para el cuartel. Y le pegaron una paliza tan grande… Le cortaron el pelo también, y ya sabéis lo que significaba entonces y ahora el pelo para la mujer gitana. A las doce de la noche la sacaron, y sangrando y andando como pudo, se fue para el corral. Y se encontró con que sus hijos se habían ido. Hasta el pueblo siguiente tuvo que andar, sangrando, y al final los halló en una paridera. Sacando sangre, sin pelo, con dolor en el alma’.

Producida por la Asociación de Promoción Gitana de Zaragoza, ‘Lágrimas de acero’ es un testimonio desgarrado, un cuento real, acompañado de música y baile, sobre el sufrimiento de la mujer gitana. Se estrena coincidiendo con el 12 de enero, día de la Cultura Gitana, en el que se celebra la entrada de los primeros nómadas de esta etnia, en 1425, por la frontera aragonesa. Forma parte del convenio de la asociación con el Ayuntamiento de Zaragoza para la difusión y promoción de esta cultura.

Entre el canto y la narración

Participan en la obra, además de mujeres gitanas que narran sus recuerdos, músicos como el compositor y cantaor Eugenio Tejero ‘Confu’, acompañado de Juan Daniel Tejero, Pedro Hernández Tejero, Juan Díaz o Jesús Bautista y el bailaor Salvador Gabarre. Según Eva M.ª Jiménez Gabarre,’hay que pensar que no somos actrices, pero esta es nuestra lucha y nuestra historia. Y no vamos a parar hasta que la mujer gitana sea capaz por ella misma de liderar su propia vida. La versión con la que se queda la gente sobre la figura de la mujer gitana es errónea y esta obra ayudará a romper esos prejuicios. Y recordar a todas esas mujeres, que tanto han trabajado por su familia, que tanto han llorado, porque gracias a ellas estamos ahora aquí, hablando’.

Desde que Felipe II iniciara redadas para capturar a gitanos varones y obligarlos a empuñar los remos en la Armada en 1571, el hombre de esta etnia tuvo que esconderse en el monte para huir de la cárcel. La persecución siguió con las redadas de Fernando VI en 1749, o de Fernando VII, a principios del siglo XIX, quien asimila a los gitanos a la delincuencia y les prohíbe ejercer la mayoría de oficios.

Durante el franquismo, la industrialización dejó a muchos gitanos fuera del sistema productivo y en esa época se sucedieron muchos de los abusos que se cuentan en la obra. Solo la Constitución de 1978 les dio, al fin, estatus de ciudadano, tras más de cuatro siglos en España. ‘La mujer gitana iba en busca de comida porque el hombre no podía: estaba escondido en el monte, y sufría todo tipo de agresiones’, recuerda Antonia Moreno Marín, otra de las actrices. ‘Por primera vez tenemos ese privilegio de ser nuestra propia voz. De contar todas esas cosas que la gente desconoce y por lo que hay tanta incomprensión hacia el pueblo gitano’.