Juana Fernández Cortés: una gitana que rompió moldes

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Hoy, día siete del nuevo año de 2021, a las 3,30 horas de la madrugada se nos ha ido al cielo de las estrellas Juana Fernández Cortés. Con poco más de 50 años Dios ha querido que le hiciera compañía a Juan Peña “El Lebrijano”, a Camarón, a Moncho, a Parrita, a Rafael Perona que se fue hace una semana para prepararle sitio muy cerquita de Carmen Amaya porque las dos tuvieron el mismo origen humilde y las dos fueron gitanas catalanas.

A mi se me rompe el alma al tener que escribir estas líneas porque Juana, mi Juana, nuestra Juana, vivió su militancia gitana muy cerca de mí. No en vano fue miembro de la Junta Directiva de la Unión Romaní y compartió conmigo, desde la exigencia más valiente y comprometida, la defensa de nuestros derechos desde la más pura gitaneidad.

Juana podría haber sido nieta de mi abuela María que era canastera y guardaba todas las esencias de la vieja Ley Gitana. Y Juana, gitana de nuestros tiempos, me la recordaba cuando me planteaba el enfoque de algunos problemas que solo siendo gitanos se podían entender.

Vicepresidenta del Consejo Municipal del Pueblo Gitano de Barcelona

Hoy, como el mejor homenaje a su persona, quiero que sea ella misma la que se exprese. El 29 de junio de 2012 el periodista Albert Bertrán le hizo una entrevista con motivo de su nombramiento de vicepresidenta del Consejo Municipal del Pueblo Gitano de Barcelona. Estas fueron algunas de sus respuestas:

― ¿Las mujeres gitanas toman cada vez más la palabra o el suyo es un caso excepcional?

En la comunidad gitana las mujeres siempre han tenido mucha fuerza, somos las que tiramos del carro, las que nos encargamos de papeles, de temas burocráticos…

― No obstante, continúan teniendo un papel subordinado.

Yo no lo veo así. Si hablamos de hace 50 años las mujeres payas tenían que pedir permiso a los maridos para ir a trabajar. En aquella época la mujer gitana ya se iba a buscar la vida sin pedir permiso a nadie. Trabajaba en la calle vendiendo lo que fuera y tenía más independencia.

― Los tiempos han cambiado.

Las mujeres de la comunidad no gitana han ido dando pasos con “adidas”. Nosotras, aún con chanclas, hemos evolucionado de forma diferente y la evolución es la que es, lo que no significa que sea mejor ni peor.

― Pero no me negará que la independencia es menor.

Son diferentes maneras de verlo. Es cierto que hay unos roles más marcados, pero la mujer gitana cada vez sale más a trabajar y te la puedes encontrar en un banco o de doctora. También está el ama de casa o la que pide limosna. Igual que los no gitanos que puedan estar en la misma situación.

― ¿Usted estudió?

Hasta los 17 años. Hice puericultura y luego me he ido reciclando con posgrados de carácter social. Antes de trasladarnos a un piso en el Gornal, en L’Hospitalet, vivíamos en barracas en Can Pi [Santa Eulàlia]. Recuerdo haber empezado a estudiar con tres años poniendo los libros en el suelo. Luego nos pusieron barracones tras muchas reivindicaciones. Las mujeres de mi familia siempre hemos sido muy guerrilleras. Mi abuela, en 1989, encabezó una campaña de alfabetización porque su ilusión era sacarse el carnet de conducir.

― ¿Lo logró?

Aprendió a leer, pero no consiguió el carnet porque no podía compaginar la escuela con el cuidado de una casa con nueve hijos y dos nietos.

― ¿Cuál será su prioridad en el Consell Municipal del Poble Gitano?

Es muy importante potenciar la participación de las entidades gitanas y buscar ideas para mejorar el tema laboral entre los de nuestra comunidad. También es necesario que haya políticas que nos favorezcan, porque partimos de una situación con muchos déficits.

Y aquí saltó la chispa revolucionaria de Juana. El periodista, sin saberlo, la pellizcó donde ella era más sensible: la marginación que sufrimos los gitanos desde hace siglos. Por eso, cuando le dijo que si la culpa de la situación por la que atravesamos no sería también por causa de “una cierta auto marginación”, ella no dudó en manifestar:

La discriminación la sufre uno. Yo no me discrimino, me discriminan. Si solo se trabaja para que yo salga de la marginación, pero si la otra parte no lo hace también en paralelo, yo voy a seguir teniendo rechazo, no hacia mí sino hacia mi cultura. Nadie se quiere auto marginar, porque eso sería darte contra un muro de piedra. No estamos al margen. Padecemos la crisis, los recortes y el paro igual que el resto de la gente y juntos hemos de luchar para superarlo.

Y un día, ocupando la vice presidencia del Consejo, respondió a la concejal que presidía la reunión, que las declaraciones sobre la Estrategia local que garantizaría el futuro de las nuevas generaciones gitanas serían válidas si dejaban de ser solo deseos de buenas intenciones.

“Este es un punto de partida y hay que demostrar que todas las ideas que se vierten sobre el papel son buenas, dijo Juana. A partir de hoy tenemos que empezar a caminar”. Y añadió: “Tengo esperanza de que así sea porque uno de los puntos fuertes de esta estrategia ha sido la participación de los propios gitanos de la ciudad en su elaboración.”

Tu recuerdo, mi Juana, siempre permanecerá entre nosotros.

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20120619/juana-fernandez-haber-politicas-favor-1941987