La Manuela que viene: No hay mejor misión del hombre que amar a sus hijos

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Marcos Santiago Cortés

Ahora, como una estrella en el firmamento, brillas misteriosa y te deslizas por el vientre de tu madre, mi esposa, camino de mi felicidad. Las yemas de tus deditos dan golpes de lenguaje divino al cordón umbilical. Tu alma vieja de cobre y bronce nunca quiso adoptar otro físico que no fueras tú; así que es la primera vez para ella también. Eres todo individualidad. Hueles a inteligencia y flamencura y por eso, cuando andes, cuando hables, cuando calles, cuando cantes, cuando bailes, cuando recites y hasta cuando sueñes, ya sea en la riqueza o en la pobreza, causarás admiración porque para eso eres por los cuatro costados de la raza milenaria calé, que siempre fue y será feliz con un cacho de pan con tomate porque nunca declaró la guerra a nadie.

Pienso solo esperando paciente tu llegada; sí, te espero tranquilo porque cuando se ama de verdad no caben las prisas de esta sociedad material. Pero los meses corren para que te tenga y sé que tus miradas siempre me renovarán como nunca. Ya no habrá dudas en mi existencia porque tú me lo aclaras todo; no hay mejor misión del hombre que amar a sus hijos. Para mí eres más trascendental que el tiempo mismo. Nada ni nadie puede más que tú en mí.

Manuela, hija mía, tú no necesitarás atravesar ningún espejo mágico para acceder a un país de maravillas porque tu padre es mil veces más imaginativo que el mejor cuento que se haya escrito y desde ya te digo que con nadie te divertirás tanto como conmigo. Yo ya sé que no habrá hombre que sea capaz de quererte siquiera la mitad que yo y por eso sé también que serás muy exigente en la pareja.

Quien te quiera tendrá que seguirte o lo dejarás atrás. Por eso a mí nunca me dejarás, mi amor, porque yo siempre te seguiré y valientemente te cubriré las espaldas como el fiel caballero que bajo juramento sagrado solo vive para su princesa. Sé tanto ya de ti… Independiente, segura, amante del conocimiento, de la risa popular y de la sonrisa culta. La mágica orientalidad de tu semblante se deslizará por las calles junto a la vanguardia occidental de tu pensamiento por lo que en todas partes serás interesante. Tu simpatía anulará fronteras y en ningún sitio serás extranjera. Mujer castaña, esbelta, rebelde y resistente como las auténticas potras andaluzas Así serás tú que yo lo sé, aunque aún te falten escasos días para nacer ¡Y que gran corazón Señor!, tan grande y bello como ese impresionante mayo cordobés lleno de luz, alegría y esperanza; el mejor mes del año y el mejor lugar del mundo para abrir los ojos por primera vez. Y el mejor padre.

Te quiero Manuela.