La deshumanización de la vida gitana

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Beatríz Carrillo de los Reyes

Las organizaciones del Consejo Estatal del Pueblo Gitano, órgano interministerial y adscrito al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social que representa al movimiento asociativo gitano más representativo de nuestro país, quieren expresar en primer lugar su más sentido pésame a la familia y allegados de la víctima del asesinato perpetrado en la localidad onubense de Rociana del Condado. No hay palabras de consuelo ante la irreparable pérdida de un padre de familia, y más aún cuando los hechos que han trascendido públicamente pese al secreto del sumario han sido tan duros para ellos, especialmente para uno de los cuatro hijos de la víctima, de siete años, que presenció in situ tan lamentable y triste acontecimiento. Sustentado, según las primeras declaraciones de la Guardia Civil encargada de la investigación y el alcalde del pueblo, Diego Pichardo, en la conjetura del presunto asesino, un hombre jubilado armado con una escopeta de caza, de que “estaba siendo víctima de un robo en su finca”. Un presunto robo de un cubo de habas.

En segundo lugar, las organizaciones de este Consejo hacen pública su más enérgica repulsa ante la propaganda mediática, que en su máxima expresión de antigitanismo no sólo no ha condenado tan vil asesinato, sino que ha convertido a la víctima en verdugo y al presunto asesino en héroe. Una propaganda materializada en el abominable tratamiento otorgado a los hechos por parte de Mediaset, conforme a una mala praxis periodística que a nuestro entender redunda en la propagación de actitudes y comportamientos antigitanos en nuestra sociedad. Algo que no ocurre por primera vez en dicha empresa de comunicación.

En esta ocasión los hechos vuelven a ser especialmente graves:

  1. El espacio de las mañanas de la cadena “Telecinco”, bajo la denominación “El Programa de Ana Rosa”, emite una reconstrucción de tan lamentable hecho apoyándose en todo momento en una supuesta opinión pública local que en todo momento está del lado del presunto asesino. Sobre el asesinado, en cambio, se vierten un sinfín de acusaciones sin pruebas fehacientes fundamentadas en los estereotipos y los prejuicios que por generalización se otorgan a la comunidad gitana, condensados básicamente en la delincuencia y la marginalidad.
    «Vive desde hace más de quince años en la zona. Su perfil es un tanto peculiar: ocupa y viejo ladrón de la zona». “Según cuentan los vecinos, un hombre un tanto conflictivo. Al parecer, su familia tiene amedrentado a todo el pueblo. Sus hijos están adoctrinados para entrar a robar a las casas». «Nos han quitado un chorizo de encima».
  2. En los minutos posteriores a la emisión del reportaje, en el plató del citado programa, se realiza una breve valoración de los acontecimientos, aprovechada por parte de la conductora del programa para verter sin ningún tipo de pudor una hipotética defensa jurídica del presunto asesino por encima de la justa reivindicación de justicia: «Se puede alegar defensa personal…».
  3. Tras la emisión de este espacio informativo, líder en audiencia televisivas en horario matinal, las redes sociales se colapsan de mensajes antigitanos, alegrándose por el fallecimiento de un “ladrón” y apoyando al presunto asesino confeso, lo que demuestra hasta qué punto se alimenta el odio desde los medios de comunicación en general y desde la empresa Mediaset en particular, que acumula denuncias por estas maniobras que perjudican gravemente la imagen pública y el desarrollo social de la ciudadanía gitana.

Por todas estas circunstancias, el Consejo Estatal del Pueblo Gitano comunica lo siguiente:

  1. Que muestra su absoluta solidaridad con la familia de la víctima, y confía plenamente en la Justicia para que se esclarezcan todos los hechos acontecidos en Rociana del Condado en beneficio de la verdad.
  2. Que va a hacer valer los derechos que le asisten para denunciar ante las instituciones y organismos pertinentes la mala praxis periodística de este espacio, denominado “El Programa de Ana Rosa”, exigiendo una rectificación pública. Porque reiteradamente hace uso de maniobras para denigrar, desacreditar y vilipendiar la imagen pública del Pueblo Gitano, inclusive en casos como éste, en el que una persona gitana es asesinada. Fomentando con sus declaraciones una oleada de comentarios inhumanos, auspiciados en un discurso periodístico basado en la “culpabilidad de la víctima”, convirtiendo una vez más al débil, al que sufre la pérdida, al que muere, en el chivo expiatorio de una sociedad mediática que no conoce límites en su ensañamiento contra lapoblación gitana.
  3. Que la justificación de la violencia, independientemente de dónde provenga o sea su origen, es un hecho a todas luces deleznable. Por tanto, del mismo modo que sucede en los casos lamentables de violencia de género o por motivos raciales, no tiene sentido alguno, ni ético ni moral, tratar de justificar un hecho violento de estas características. Y mucho menos argumentar sin criterio razonable fórmulas que suavicen la previsible pena del agresor.
  4. Este Consejo se ha puesto en contacto con los organismos públicos competentes para que frenen este tipo de episodios cruentos, que suelen repetirse con asiduidad tanto en espacios como el programa ya citado, como también en las redes sociales, donde a través del anonimato, los mensajes de odio antigitanos son caldo de cultivo para que el racismo, la xenofobia y la intolerancia caminen hacia un clima cada vez más crispado, tal y como estamos observando en los últimos meses.