Se acabó nuestra paciencia

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Ayer, por la noche, leí una alerta de Jesús Cano advirtiéndonos de la existencia de un video de alta peligrosidad. Inmediatamente lo visioné y me quedé espantado. Es lo más fuerte, lo más racista, lo más envenenado que he visto y oído en mi vida. Una mujer ―la que aparece en la fotografía― se dedicó durante más de ocho minutos a vilipendiar a los gitanos diciendo auténticas barbaridades y justificando que el asesino de Rociana del Condado hubiese dado muerte al desgraciado gitano que pretendía coger un puñado de habas de una plantación para echarlas en la olla familiar.

Además, por si fuera poco, alabó el programa de TV de una enemiga declarada de nuestro pueblo, que sugirió que el escopetero mató al gitano en defensa propia. Los que hayáis visto este video, que han sido miles de personas ―más de 3.400 comentarios tenía a la hora que yo lo vi y que había sido compartido la friolera de 2.400 veces― habrán sentido la misma sensación de miedo que yo experimenté creyendo que esta mujer iba a saltarse la pantalla del teléfono para agredirme directamente. Pocas veces he visto tanto odio en una mirada, tanta gesticulación amenazante, tantas ansias desbordada de hacernos daño. Ni Hitler…

En consecuencia, decidí inmediatamente presentarme ante la Comandancia de la Guardia Civil para reclamar la intervención del Grupo de Delitos Informáticos y formular la pertinente denuncia tal como establece en sus artículos 265 y 266 la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Simultáneamente he preparado una querella ante el Juzgado de Guardia de Sevilla por ser una ciudad más cercana Huelva y donde contamos con las personas necesarias para ayudarme en el transcurso del proceso.

Es evidente que mi argumentación girará en torno a la vulneración de la dignidad y buen nombre del Pueblo Gitano tal como se recoge en el artículo 510 del Código Penal que establece en su punto número uno que “Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses: Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, (…) por  la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación…”

Pero igualmente pienso solicitar del tribunal que considere la pena de prisión contra la persona objeto de nuestra querella en base al punto número tres del citado artículo 510 del CP que establece que Las penas previstas en los apartados anteriores se impondrán en su mitad superior cuando los hechos se hubieran llevado a cabo a través de un medio de comunicación social, por medio de internet o mediante el uso de tecnologías de la información, de modo que, aquel se hiciera accesible a un elevado número de personas.

Pero ahora necesito vuestra ayuda

A altas horas de la noche de ayer localicé en su casa a Lluís, nuestro técnico informático, con el fin de que grabara el vídeo y tratara de conseguir la mayor información posible sobre esta persona y el alcance que había tenido su ataque a nuestra comunidad. Y sucedió lo que me temía: que posiblemente alertada por las consecuencias de su ataque borró el vídeo. ¡Pero esta vez la informática jugó a nuestro favor porque Lluís llegó a tiempo de grabar todo el contenido del vídeo! E inmediatamente la autora de ese bodrio incalificable, lo borró. Mala cosa para ella porque nosotros ya lo tenemos y lo aportaremos como prueba concluyente el día que se celebre el juicio.

Pero Lluís ya no pudo seguir rastreando los miles de comentarios que suscitó el ataque racista de esta reencarnación nazi en el día en que Europa celebraba la victoria contra los que causaron la muerte de millones de personas en los campos de exterminio.

Os agradeceré que hagáis un esfuerzo y me proporcionéis toda la información que encontréis en las Redes Sociales relacionadas con la intervención de esta, llamémosle, persona. Esto facilitará el trabajo del Grupo de Delitos Informáticos de la Guardia Civil y a mi me dará más argumentos para lograr contra ella la máxima pena posible.

Malos tiempos estamos viviendo, amigos. Pero ha llegado la hora de levantar cabeza porque nuestra paciencia se acabó.