La asociación malagueña ‘Dosta’ ayuda a mujeres gitanas en riesgo de exclusión

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Rosa María Rodríguez y Loli Jiménez, alumnas de Dosta / FÉLIX PALACIOS

Loli Jiménez y Rosa María Santiago se levantaron el lunes 24 de junio sin saber que ese día les cambiaría la vida por completo. Tan sólo una llamada fue determinante para lograr algo que meses atrás les parecía inalcanzable: ambas habían aprobado la Educación Secundaria Obligatoria. Estas dos mujeres gitanas de 19 y 20 años, respectivamente, abandonaron el instituto sin finalizar sus estudios y sin avistar el futuro que ellas esperaban. Lo que no sabían es que, este mismo año, aparecerían en su camino algunos botes salvavidas que las empujarían a romper estereotipos y a lanzar un grito de ‘¡basta!’ para emprender un viaje que no queda aquí. Justo esa llamada de atención, ese alarido ante las injusticias, es lo que reclama tomando nombre ‘Dosta’, la asociación malagueña que ayuda a mujeres gitanas en riesgo de exclusión social a terminar sus estudios, y por ende, a abrirles las puertas al mercado laboral.

Dosta comienza a tomar forma hace ya algún tiempo en la mente de Vanessa Jiménez. Esta mujer, también de etnia gitana, vio imprescindible seguir formándose y llegar, por qué no, hasta donde se propusiera. A sus 34 años, con tres hijos y formando con su marido Bernardo Muñoz un equipo de película, ha conseguido acceder a la Universidad de Málaga y estudiar lo que le apasiona: el grado de Trabajo Social. Fue allí, en clase, donde conoció a Julia Altamirano, su segunda de abordo con un corazón de oro dispuesta a implicarse al cien por cien con la causa Dosta. «He recibido mucho apoyo en la UMA, y poco después de empezar la carrera, comenzamos con la asociación. Muchas niñas empezaron a venir a mi casa porque querían estudiar. Si yo conseguí en tres años llegar a la universidad, ellas también», comenta Jiménez recordando los comienzos.

Lo cierto es que para estas mujeres, que desistieron en su momento y no encontraron motivación alguna, sus profesoras son un referente, un apoyo y una meta para alcanzar lo que en su momento no pudieron. «Cuando se ven que les dan clases mujeres de su misma edad, se ven reflejadas. Observan que llevan una vida diferente a la suya, con la misma edad, y con futuro. Y eso las motiva», relata Bernardo Muñoz, secretario de la asociación.