Dios mío, pero ¿qué está pasando aquí?

Han muerto Vicente Castro Jiménez “Parrita”, y un día antes Susana Amador Santiago “La Susi” y al mismo tiempo Dolores Abril, la pareja del mítico Juanito Valderrama

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Juan de Dios Ramírez-Heredia Montoya

La primea noticia me la dio mi sobrino Israel, hijo de mi hermana Lourdes, desde Jerez de la Frontera.

― Tito, se ha muerto el tío Parrita, un dios del flamenco.

Me quedé fuertemente impresionado y todavía no había recuperado el aliento cuando recibo un WhatsApp de Simón Montero, el presidente de la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña, para decirme que “acaba de morir Parrita”. Y no habían pasado ni dos minutos cundo recibo una llamada de Manuel Heredia, mi gran amigo y hermano, cofundador de la Unión Romaní, para darme la noticia de como se había producido el desenlace. A partir de ahí el teléfono no paró de sonar. Todos, con una unanimidad muy extraña en los días que corren, han querido manifestarme su cariño y su admiración por este gitano bueno, dulce en su trato y humilde desde sus orígenes canasteros, que se ha ganado, después de mucho trabajar, un lugar de reconocido prestigio entre los grandes.

Comprenderán que este no es el momento de valorar su aportación al flamenco. Eso ya lo han hecho muchos comentaristas. Hoy quiero poner de manifiesto que Vicente Castro Jiménez, Parrita, fue un fiel seguidor de su estirpe flamenca, genuinamente gitana, que siguió las huellas de su hermano mayor “El Peti”, ganador del prestigioso Festival del Cante de las Minas. Parrita sabía que los gitanos le queríamos y que siempre podíamos contar con él. Nunca se negó a participar en cualquier espectáculo que persiguiera un fin promocional de nuestra causa. Todo lo demás era secundario en su vida artística. Por eso pudo decir cantando en “Las cositas del querer” que

                                                               Digan lo que digan
                                                               soy igual de gitano
                                                               ay lere lere ay lere lere
                                                               Cuando me parieron ya salí cantando.

Hoy he acompañado a su mujer y a sus hijos que son chicos muy jóvenes. Vestidos de negro, de arriba abajo, como acostumbramos a hacer los gitanos cuando perdemos a nuestros padres. Yo mismo recuerdo que cuando murió mi madre ―yo tenía la sazón, como ellos, 20 años― vestí de negro riguroso, camisa, pantalón, chaqueta, corbata o pañuelo durante más de cinco años en que empecé a “aliviar el luto”.

Lamentablemente la situación sanitaria que vivimos en España, y especialmente en Cataluña, no ha permitido que centenares de gitanos, tal vez miles, pudiésemos acompañarle hasta su última morada.

Yo me quedo con el recuerdo de su amistad y el de la última vez que estuvimos juntos en la entrega de premios de la FAGIC junto a la fuente luminosa de Montjuic en Barcelona. Porque su vida artística fue como la fuente, llena de colores variados y de música solemne a la que le hace el compás el sonido cantarino del agua.

Y se nos fue “La Susi”

Otra gitana emblemática. Humilde y recatada en sus gestos pero que encerraba una dimensión enorme como gran artista para el mundo flamenco. Hoy mismo, cuando pienso en ella, no sé que es lo que me gustaba más: si su cante o su baile. Porque La Susi tenía un atractivo especial para engancharnos a todos. Con su cante, especialmente cuando lo hacía por bulerías, lograba que nuestros “cinco sentíos” estuvieran pendientes de su voz, pero cuando ponía “punto y aparte” al cante y los guitarristas y los palmeros sacaban chispas de fuego al compás más furioso e irrefrenable que es la bulería gitana, la Susi daba un salto y tocaba las nubes del cielo con sus manos.

Sin lugar a duda el flamenco, la expresión musical y artística más emblemática de España y enseña con la que se nos identifica en todo el mundo, está altísimamente representado por una pléyade de mujeres que conforman una imagen diferente y en absoluto inferior a la que representan los hombres.

 Susana Amador Santiago, La Susi, puede inscribir su nombre entre los de Pastora Imperio “Niña de los Peines”; Antonia Gilabert Vargas “La Perla de Cádiz”, prima de mi madre; Merced “La Serneta”, considerada la madre del cante por “soleá”, que nació en Jerez en 1840; Francisca Méndez Garrido, “La Paquera de Jerez”, mi tía carnal, posiblemente la cantaora más bravía que ha dado este arte; Fernanda Jiménez Peña, “Fernanda de Utrera”, nació en 1923 y fue nieta de Fernando Peña Soto, “Pinini”, gitano carnicero nacido en Lebrija en 1863, que ha sido el cabeza de una amplísima dinastía flamenca durante el siglo XX.

Igualmente, La Susi podría presumir de formar parte de una saga flamenca muy importante. Nació en Alicante en el seno de una familia llena de artistas y siendo una niña se fue a Madrid con su hermano guitarrista, mi amigo Joaquín Amador, quien se casó con Manuela Carrasco, la diosa del baile gitano. Pero de las bailaoras hablaremos otro día.

Y también nos dejó Dolores Abril, la inseparable pareja de Juanito Valderrama

Fue famosa cuando se unió a Juanito Valderrama. Ninguno de los dos eran gitanos, pero ¿qué más da? Ambos se sentían flamencos y Valderrama consiguió ser un artista de primerísima línea, reconocido y respetado por toda la afición, incluidos los artistas gitanos. Dolores nació en Hellín (Albacete) en 1935 y murió el otro día con 85 años. Valderrama, que era 20 años mayor que ella, nos dejó en 2004.

A ambos los conocí y los traté personalmente. Por alguna carpeta traspapelada hay una fotografía en la que aparezco sentado entre ellos dos en una peña flamenca de Cornellá. ¡Dios mío, qué tiempos aquellos!

Descansen en paz los tres y no se corten en obsequiar a los ángeles del Paraíso con una fiesta como la que nunca habrían imaginado.