Un gitano de 53 años, encontrado muerto en el interior de su celda en una cárcel de Portugal

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Son demasiadas muertes ya las que se están produciendo cuando algunos gitanos permanecen retenidos o encarcelados y, por lo tanto, bajo la custodia de los funcionarios de prisiones, principales responsables de su seguridad. Esta vez ha sido en un establecimiento penitenciario de nuestra vecina nación hermana de Portugal.

En cuanto tuvimos conocimiento del hecho hemos tratado de conseguir la mejor información posible con el fin de actuar rápidamente con eficacia y responsabilidad.

Pero la verdad es que cuando se producen estos acontecimientos la información que se traslada a la ciudadanía es muy confusa. Hemos visto que durante los dos últimos días, familiares y amigos del fallecido se han concentrado ante la puerta de la prisión de Alcoentre, pequeña población que pertenece al Concelho de Azambuja del distrito de Lisboa, clamando justicia y denunciando la muerte violenta del pobre gitano. Especial relevancia ha cobrado la denuncia del hijo de la víctima. Su queja se ha difundido dramáticamente por las redes sociales suplicando a la ciudadanía portuguesa que se unieran a la familia para dar a conocer a todo el mundo lo que había sucedido.

Ciudadanos de Portugal, mi padre fue asesinado por la policía. Ciudadanos portugueses, mi padre era una vida humana. Amigos portugueses, mi padre tenía un montón de amigos portugueses. Vamos juntos a la puerta de la cárcel. Mi padre, gitano, era un ser humano. Por favor, por favor, lo que podemos hacer es ir a la puerta de la cárcel. Mi padre estaba lleno de marcas en la cara y en la cabeza. Esto no se puede quedar así. Mi padre no le hizo daño a nadie. Fue arrestado por accidente.

Por fin el lamento del muchacho encontró eco porque él tenía miedo de que la muerte de su padre pronto quedara en el olvido y sin que se hiciera justicia. Por eso él insistió hasta la saciedad:

—¡Vamos, ciudadanos portugueses! La muerte de mi padre tiene que ser conocida. Debemos estar unidos hay que estar unidos en la puerta de la cárcel. Mi viejo no se lo merecía. Mi padre apareció muerto en la mañana. No tenía enfermedades, no tenía nada, fue la policía quien lo mató…

La familia de Miguel se ha movilizado

Hasta un niño, sobrino de Miguel Cesterio, se ha lanzado a llamar la atención de la gente. Es un niño, pero grita más fuerte que los adultos. Es pequeño, pero ya entiende las injusticias que se cometen contra el pueblo gitano. Ellos quieren gritar reclamando que llegue la televisión. No quieren que pase desapercibida la muerte de Miguel.

Los reclusos afirman haber visto un guardia entrar en su celda a las 2 horas de la madrugada y oyeron lamentos del prisionero como si le estuviesen pegando. Una vez que salió el guardia se hizo el silencio. Horas después Miguel Cesteiro apareció muerto.

La familia tiene pruebas de conversaciones con esos mismos testigos y fotos de la víctima con el rostro muy dañado. Como siempre, se niegan a presentar los resultados de la autopsia, insistiendo que Miguel se quitó la vida tras tres días de ataques psicóticos.

Miguel deja hijos y dos nietas gemelas que nacieron esa semana. Su yerno dice que él estaba muy contento y con ganas de conocerlas por lo que jamás se quitaría la vida.

En estos enlaces podrán encontrar mayor y más duras imágenes de los familiares a las puertas de la cárcel de Alcoentre.

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