Fallece Domingo Contreras en Carboneras (Almería) a los 72 años después de más de 30 años de servicio como policía municipal

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Domingo Contreras, en una imagen de archivo. ARCHIVO LA VOZ

Emocionante despedida, como gitano, de su hijo Antonio

Su bigote negro. Su tez morena. Su porra junto al uniforme. Son los primeros recuerdos que tengo de Domingo Contreras, el primer municipal – luego le llamaron Policía Local – gitano que hubo en la provincia de Almería. Nació y trabajó en Carboneras. Falleció este pasado fin de semana. Muchos le conocíamos como “Mingo” y era todo corazón, a pesar de que su profesión le obligaba a imponer el orden y la ley entre todos los ciudadanos.

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El pasado 15 de junio, poco después de despedir las últimas fiestas de San Antonio, Domingo Contreras cumplió 72 años. Ya iba en silla de ruedas por su inseparable Calle Sorbas. Su hijo, que se llama como el patrón del pueblo, ya aventuraba quizá que la despedida temporal estaba cercana y le escribió esto en la red social Facebook:


“Te quiero porque siempre has sido un gran referente, un hombre bueno, un ejemplo a seguir. Desde muy pequeño me enseñaste a ser empático, generoso y solidario. Te quiero porque me has acompañado en mis logros y en mis fracasos. Te quiero precisamente porque celebras mis éxitos más incluso que yo mismo y siempre estás ahí para enseñarme a enmendar mis errores y para levantarme cuando me caigo”.

Los que conocimos desde hace muchos años a “Mingo” nos acordamos de su imagen pasada y de su imagen reciente. Siempre amable. Siempre preguntando por la familia. Me quería y yo le quería a él. Por eso este domingo (como él se llamaba), que volví al pueblo como muchos otros domingos, el pueblo ya no era el mismo. Ni la calle Sorbas tampoco era la misma. La puerta de su casa era como un semáforo donde nos parábamos a conversar, aunque pasaran y pasaran los minutos.

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Se nos ha ido Domingo, el municipal, pero deja un legado entre los carboneros refrendado por las palabras de despedida de su hijo Antonio en la citada red social:

“Tus valores y enseñanzas viven en mí y te hacen inmortal. Pasaste por mi vida como una estrella fugaz, pero tu brillo vivirá siempre y estará en mi corazón. Nos separó la muerte, pero el amor nos mantiene unidos. Quererte fue fácil, pero olvidarte será imposible. 

Siempre tendré presente tu cuerpo y tu voz, aunque pase el tiempo y no te encuentre entre nosotros, tu alma sigue conmigo. No estaré triste porque te fuiste, me alegraré cada día por cada momento que viví a tu lado y tu imborrable recuerdo. Una vida es poco para todas las cosas que me hubiera gustado vivir contigo. Ojalá pueda reencontrarme contigo y recuperar el tiempo perdido. Las mejores y más bonitas cosas del mundo no se pueden ver ni tocar, sino sentirlas con el corazón, como yo te siento a ti. Cada vez que esté triste porque te echo de menos, recordaré lo afortunado que soy de haberte tenido a mi lado, papá”.

Leer más: Simón Ruiz